Temor por fuego amigo contra meta inflacionaria

Jueves, 19 Abril, 2018
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Ambito Financiero

El gabinete económico está preocupado. Los técnicos que lo integran ven cómo avanza la presión interna de Cambiemos para que se reformule la política de ajuste tarifario, concentrada en el primer cuatrimestre del año, y, en consecuencia, ven también cómo peligra la gran misión doble que el Ministerio de Hacienda tiene para este 2018. La cartera de Nicolás Dujovne, por orden de Mauricio Macri, tiene que lograr una inflación menor que el 20% y un déficit fiscal inferior al 3,2% que figura en el presupuesto. Cualquier resultado peor será considerado un fracaso. En especial, si la inflación de este año se acercara al 24,8% de 2017. Este último punto es el que más preocupa, más cuando se escuchan propuestas cercanas al Gobierno que reclaman que el ajuste tarifario se disemine durante el resto del año, y no se concentre en el primer cuatrimestre. Directamente, afirman en Hacienda, cualquier hipótesis que no sea concentrarse en terminar con los ajustes antes de abril debería ser imposible de aplicar. Siempre que se quiera que la inflación de 2018 esté por debajo del 20% y lejana a la de 2017. En otras palabras, un capítulo más de la interna "monetaristas" contra los "estructuralistas radicales", según la jerga interna.

Para la ideología del gabinete económico, cualquier hipótesis y medida que no sea terminar con los ajustes tarifarios en el primer cuatrimestre del año, es imposible de aplicar. Los motivos no son políticos, sino fiscales y económicos. Se necesita ahora sostener la meta de una inflación menor al 20% este año y un déficit fiscal controlado por debajo del 3,2%. Aplicar un ajuste más gradual y desplegado durante el resto del 2018, atentarían contra la misión de sostener esas metas; las que, a esta altura, son el esqueleto del plan económico del macrismo para este año.

Inflación

La explicación técnica para justificar esta máxima sigue una lógica ortodoxa. La inflación en el primer cuatrimestre ya está jugada, y superaría un IPC acumulado del 8,5%; acercándose incluso peligrosamente al 9%. Según este análisis, estos aumentos ya registrados no tienen marcha atrás, y ya están tallados en las columnas del INDEC. Si hacia delante la presión de los aliados estructuralistas de Cambiemos logran torcerle el brazo a Mauricio Macri y al jefe de Gabinete Marcos Peña, licuar los incrementos en el transcurso del año y aplanar el impacto de las alzas tarifarias; el temor de los "monetaristas" es que mientras se vayan aplicando los aumentos, la presión inflacionaria continúe. Y que, en consecuencia, cada mes haya un residual tarifario en el IPC más allá de abril. En conclusión, la premisa máxima del optimismo oficial que asegura que "lo peor ya pasó" y que "desde mayo la inflación comenzará a reducirse drásticamente", entrará en severa crisis. Alarmistas, en el gabinete económico se habla de un piso de 0,5% mensual si los aumentos tarifarios se despliegan durante varios meses desde mayo, lo que sumado a los incrementos estructurales que militan en la "inflación núcleo", provocaría que cada mes el IPC parta de un 1% de base. Si esto ocurriera, la medición trasladada hasta noviembre (cuando el ministro de Energía Juan José Aranguren quiere volver a subir las tarifas ajustándolas por inflación), ya acumularía un peligrosísimo 18% para octubre. Para el gobierno, el problema tarifario es de percepción y, quizá, de mal timing político, pero necesario. Si reconoce que si los aumentos hubieran llegaran luego de la aplicación de los aumentos salariales que se pactarán en las paritarias de este año, y que rondarán entre 15 y 18%, la percepción de la sociedad hubiera sido menos negativa. Sin embargo, hubiera ido en contra de la estrategia original de acumular los incrementos en el primer cuatrimestre de 2018, para luego despejar el panorama en lo que resta del año; con la idea, además, de limpiar de ajustes graves el electoral 2019.

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